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Volver a nuestra esencia, volver a lo natural

Parece que la tecnología y los avances científicos nos han hecho la vida más sencilla, y así es hasta cierto punto. Pero todo tiene un precio, y es que en ocasiones desconectar de lo natural, de lo esencial, conlleva no solo un riesgo para el medio ambiente, sino también para nuestra salud. Sin ir más lejos, recientes estudios han encontrado que en la sangre menstrual, que es una forma también de eliminar los tóxicos de nuestro cuerpo, cada vez aparecen más productos químicos que no deberían estar ahí.

Para entender el por qué no hace falta buscar ejemplos complicados: con las prisas y el estrés diario abusamos de alimentos precocinados y ultraprocesados que consiguen que nos sentemos pronto a cenar, pero que afectan negativamente a algo tan importante como es nuestro cuerpo. La alimentación es el primer pilar para una vida sana, y en realidad no es necesario apostar por dietas milagro. Ni si quiera por comprar todo lo que lleve la etiqueta “bio” en el supermercado. Es tan sencillo como apostar por comida real, o lo que ahora se conoce como la moda de la Real Food.

Comida real

Pese a que las relaciones sociales son cada día más virtuales es obvio que la comida sigue siendo una realidad.  ¿Y qué es comida real entonces? Toda aquella cuyo procesado ha sido básico, es decir, lavado, cortado o congelado, pero no previamente cocinado. En este sentido un alimento que compramos triturado, pese a haber sido procesado, sigue siendo más natural que una crema de verduras  de bote o que un plato de lasaña precocinado.

No se trata solo de una cuestión de gustos o de una opción personal, sino de una forma de prevención ante la enfermedad. Hay estudios que afirman, por ejemplo,  que reducir a la mitad la ingesta de alimentos procesados, podría suponer aproximadamente 22.055 menos muertes relacionadas con la enfermedad cardiovascular en 2030”.

De esta forma, la comida real es que la se obtiene directamente de la naturaleza, aunque el siguiente paso sería el de volver a obtenerla de forma natural. Es decir, de fuentes sostenibles, cuidando la tierra, el trabajo del ganadero y el agricultor frente a la industria, y de esta manera, apostar también por el medio ambiente.

La importancia de los envases

De nada sirve tomar algo tan sano, necesario y  natural como es el agua mineral, si nuestro organismo recibe no solo agua, sino los compuestos químicos derivados de su envase: la botella de plástico.

Está claro que el plástico contamina nuestro planeta, y que cada vez más los supermercados se conciencian de la importancia de evitar los productos de usar y tirar como las bolsas de plástico, o el envasado de las verduras. Pero lo cierto es que nuestra salud también se ve afectada por este envasado.

La clave está en el Bisfenol A, un compuesto orgánico que se usa para dar rigidez a algunos tipos de plástico. Se ha comprobado que  este funciona como un disruptor endocrino, alterando el funcionamiento de nuestras hormonas y ocasionando, por ejemplo,  problemas de fertilidad.

Una cosmética natural

Otro de nuestros hábitos diarios, o el de muchas mujeres no solo hoy en día, sino a lo largo de la historia en diferentes culturas, es el del maquillaje. Más allá de la cuestión de roles de género detrás del acto de maquillarse, se puede optar por esta decisión personal, también cuidando un poco más de nuestra salud.

En este sentido destaca la llamada cosmética natural, que utiliza productos naturales y ecológicos presentes en la naturaleza, siendo compatibles y muy similares a la bioquímica de nuestra piel. Entre ellos destacan aceites vegetales, mantecas, aceites esenciales, pigmentos minerales, arcillas y conservantes naturales, entre otros.

Y es que, aunque ingerir un alimento y aplicarlo sobre la piel son cosas totalmente distintas, también puede llegar a afectar a nuestro organismo. No hay que olvidar que muchos productos cosméticos incluyen sustancias químicas, que nuevamente funcionan como disruptores hormonales, pudiendo influir como factores de riesgo en patologías como el cáncer de mama.

Volver a lo natural, es volver a nuestra esencia. Es volver a sentirnos las mujeres que queremos ser y no las que el mercado quiere que seamos. Es tomar una decisión consciente respecto a nuestro cuerpo y su cuidado.



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