Sonar y ser para estar mejor

Escrito por Mónica Dorta.

Nunca pensé que una de mis principales dedicaciones sería ayudar a otras personas a trabajar con sus voces, pero en un momento dado la vida me dio la oportunidad de asistir a otros a expresarse con su voz, a liberarla, disfrutarla, expandirla, celebrarla… y ese trabajo se convirtió en toda una revelación.

En mis talleres grupales he sentido con frecuencia que cantar y usar nuestro cuerpo como un instrumento sonoro, ya sea para expresarnos musicalmente o verbalmente, es un derecho que todos deberíamos tener. En diferentes tradiciones espirituales se habla del poder creador de la palabra y el sonido, del poder del verbo. Y la realidad es que la palabra y el sonido nos ayudan a estructurar nuestro pensamiento e identidad, nos forman de alguna manera en nuestra capacidad para dejar una impronta en lo que nos rodea, nos capacita para corroborar nuestra existencia.

Uno de los mantras primigenios, el “yo soy”, declara nuestra existencia y presencia aquí y ahora, y en mi experiencia, de alguna manera, cada vez que generamos sonido en nuestro cuerpo y lo entregamos al mundo, experimentamos una oportunidad para materializar esa declaración de existencia.

Para mí el sonido y esa capacidad nuestra de sonar es una gran oportunidad. Cuando canto siento justamente eso: que me arraigo en el mundo y al mismo tiempo salgo disparada hacia el firmamento, que declaro “aquí estamos y existimos” y que mi mejor ofrenda al mundo es mi sonido, con sus posibilidades fascinantes e infinitas.

Y es justo eso lo que trato de experimentar junto a mis alumnos en mis clases: intento invitarles a vivir esa experiencia, a conectar con esa infinidad de posibilidades que les brinda su cuerpo como instrumento sonoro, para que luego puedan expresar su verdad y así entender mejor su lugar en el mundo; no es casualidad que nuestra garganta esté a medio camino entre nuestra cabeza y nuestro corazón, y que a su vez conecta hacia abajo con nuestra parte instintiva.

Comunicarnos con los demás desde nuestra verdad es un aspecto fundamental de una vida saludable y nutritiva que avance en dirección hacia la plenitud. En múltiples ocasiones las capacidades de comunicación implican saber lo que nos pasa y saber expresarlo (haber aprendido a articular nuestra emoción, pensamiento y necesidad) para que los seres con los que compartimos vida puedan empatizar con nosotros.

En mi opinión, una cantidad exorbitante de conflictos entre las personas tiene su origen en una comunicación deficiente. Ya sea porque no entendemos lo que nos pasa, o porque no sabemos articularlo, o porque tenemos una cantidad ingente de emociones, necesidades y pensamientos no expresados que bloquean nuestro ser. Así, nuestra capacidad de conectar con otros seres humanos de nuestro entorno se ve truncada y se genera un daño, ya que nos necesitamos los unos a los otros, y no podemos renunciar al vínculo del que somos resultado y del que somos parte. Así que nos vinculamos con una comunicación deficiente y surge el daño, las agresiones, infligidas y recibidas, las invasiones, los malentendidos y las conclusiones erróneas como resultado.

La voz, el sonido y la expresión son herramientas poderosísimas para sanar nuestra capacidad de comunicación y autoafirmación. No me canso de ver los efectos de bienestar y empoderamiento que veo en mis alumnos tras una sesión de trabajo provechosa e intensa: los veo salir del taller de la voz más expansivos, más seguros de sí mismos, ocupando más espacio y llenos de alegría.

Trabajar la expresión y la voz nos prepara para vivir mejor y más plenamente, en un paralelismo entre sonar y ser, para existir, para estar mejor.

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