Crecer adentrándote en ti

Crecer, buscar, entender, integrar. Moverme.

Estos han sido los motores de mi vida. Durante una buena cantidad de años lo he hecho a través del arte. Mi vocación artística ha sido para mí una búsqueda de sentido, una búsqueda de respuestas, una búsqueda de mi sitio en el mundo. Una curiosidad que me impulsaba a moverme geográfica e internamente, a salir de mis zonas de confort internas y externas, a abandonar los lugares conocidos para aventurarme en terrenos nuevos y desconocidos.

Luego la búsqueda artística mutó parcialmente en búsqueda espiritual y de autoconocimiento. Evidentemente motivada por el sufrimiento, y espoleada por la noción de que si me conocía mejor a mí misma me convertiría en mejor artista, a los 28 años comencé a trabajar con una terapeuta Gestalt mis zonas de sombra, mis conflictos y áreas de sufrimiento. Y ahí se abrió un mundo. La Gestalt, el trabajo con el Eneagrama, el coaching, las constelaciones familiares, la danza vivencial, la investigación con la voz, las terapias energéticas de diversos tipos, que han ido siempre acompañados por ese anhelo artístico que nunca me ha abandonado, me han dirigido siempre al mismo punto. Al microcosmos que soy yo, a ese objeto de estudio infinito que es el ser que soy y que al mismo tiempo no soy yo, sino que somos todos.

Con los años sigo descubriendo que esa respuesta que busco, ese conflicto que no me deja dormir, esa frustración que me atormenta, ese resentimiento que albergo contra esa persona, o ese dolor que me causó alguien tienen un solo denominador común: yo.

Luego la respuesta, el momento en que se desenrede ese nudo, en que se disuelva ese coágulo, tienen por fuerza que ocurrir también dentro de mí. Es la buena y la mala noticia. Está todo dentro de mí. Lo cual no quiere decir que eso lo haga sencillo, fácil, resuelto o directo. Ni muchísimo menos. Como un complejo puzle, seguir el hilo de esa maraña interna es un trabajo minucioso y sutil, que requiere una dedicación y

compromiso infinitos. Y como la vida no deja de moverse a nuestro alrededor, todos reflejando en el exterior nuestros propios microcosmos, la tarea se convierte francamente en todo un reto.

Ese objeto de estudio infinito me apasiona y desespera al mismo tiempo, dependiendo del día. Esa paradoja de querer un resultado, un alivio, un “ya llegué”, junto con la certeza de que estamos aquí para estar en movimiento, para aprender y no para llegar a ninguna conclusión estática, me enloquece, retuerce y deslumbra, todo a una vez. Tal vez algún día llegue a tener algo más de mastery, dominio o aceptación de esta paradoja, pero a mis 41 años, aún sigo sintiéndome por momentos la más torpe de las aprendices.

Pero sí tengo una certeza, una intuición que a pesar de todas las dudas y diatribas, me acompaña y me impulsa aun en el más oscuro de mis días: el camino es hacia dentro. Y el sufrimiento y el dolor del mundo disminuiría en gran medida si más gente aceptáramos esta apasionante propuesta, la de ir hacia dentro. Proyectaríamos menos, actuaríamos menos por automatismos, estaríamos en el mundo de una manera menos reactiva. Y como lo que hemos recibido en gran medida es violencia, estoy convencida de que seríamos menos violentos, y que dejaríamos de perpetuar, por lo menos en mayor medida, el sufrimiento del que hemos sido víctimas desde el principio de los tiempos.

El dramaturgo libanés Wajdi Mouawad escribe sobre esto en su obra Incendios, que trata sobre el origen de las guerras que nos han asolado como especie desde el albor de los tiempos. Nazira, una abuela a punto de morir le dice a su nieta, Nawal, que ya ha vivido su primera gran herida fruto del odio: “tienes que cortar el hilo Nawal”, el hilo de la violencia, la cadena del odio, del prejuicio, del sufrimiento en definitiva, del “como hicieron conmigo, hago yo con el otro”. Y para eso le dice, aprende, ve en pos del conocimiento. “Aprende a leer, aprende a escribir”, para que la ignorancia no lo inunde todo, para que la ceguera no se perpetúe. Cortar el hilo.

Yo sigo en el intento, examinando mis heridas en busca de sanación, adentrándome en la oscuridad con la esperanza de entender mejor la luz, buscando conocerme mejor para conocer mejor a quien tengo enfrente, tratando de desentrañar este apasionante y desgarrador misterio de estar viva.

 



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