Alimentación saludable: Un compromiso para todo el año

La alimentación es una función básica en nuestra vida, y tendría sentido que, ya solo por eso, tuviera un lugar destacado en nuestras prioridades vitales. Y si bien es cierto que la alimentación supone un tema constante de información y preocupación, la realidad es que no parece que sea por los motivos adecuados.

De hecho, si echamos un vistazo a las noticias sobre alimentación, gran parte de las misma se centra en cómo cuidar el peso, la línea o la figura, o incluso en falsas noticias sobre cómo ciertos alimentos parecen tener propiedades casi mágicas. De esta forma, parece que nuestra relación con la comida es algo puntual, a la que solo prestamos atención cuando nos surge una necesidad concreta, como perder peso o enfrentar alguna afección o patología. No es sin embargo una relación sana y estable, cuando lo ideal sería entenderla como un hábito que debemos conservar en cada uno de nuestros días.

No obstante, según daba a conocer el bioquímico italiano Valter Longo en su libro ‘La Dieta de la Longevidad’ se ha demostrado que la capacidad de mantenernos jóvenes e incluso la de regenerarnos, está dentro de nosotros, en nuestro cuerpo, y que podemos reprogramar nuestras células y reducir los factores de riesgo de enfermedades como la diabetes, patologías cardiovasculares e autoinmunes, enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el cáncer con un régimen alimentario  saludable. Es decir, una dieta mantenida, y no una operación bikini que solo nos hace fluctuar en nuestras necesidades.

La clave está en el equilibrio     

Si bien existen muchos manuales, científicos y nutricionistas que defienden dietas muy concretas que obviamente son muy saludables, el objetivo ideal debería pasar por ser un poco realistas. Seguir una dieta estándar que puede ser muy sobrellevable para algunos, pero no tanto para otros, puede acabar siendo un desastre con efecto rebote. Así, parece más recomendable proponerse una dieta realista y equilibrada, que realmente pueda formar parte de nuestro día a día, sin mucho esfuerzo. En este sentido la clave está en el equilibrio.

Y es por ejemplo aunque pueda ser muy sana una dieta vegana, esta no tiene sentido si la basamos en comer patatas fritas, o si nos centramos en evitar comida procesada, tampoco será sano basarlo en huevos fritos todos los días para cenar, por muy comida real que sea.

Es por ello que sea cuál sea nuestro estilo de vida y valores, debemos adaptar nuestra alimentación a un aporte diario de frutas y verduras, grasas saludables e intentar apostar por hidratos integrales, es decir, que siempre será mejor incluir un poco de pan integral, que un día pegarse un atracón de pan blanco.

No se trata solo de copiar modelos como dogmas, sino de saber adaptar estas ideas a un equilibrio personal, con el que realmente nos sintamos identificados.

Comer sin ansiedad

La otra clave para conseguir llevar una alimentación saludable es centrarnos en cuidar todos los aspectos de nuestra vida que también influyen en nuestra alimentación, aunque a veces no los tengamos en cuenta.

Por ejemplo, muchas de las comidas  en las que caemos en un consumo elevado de azúcares o grasas saturadas, no se deben a una necesidad alimentaria, sino a estados de ansiedad. En esta línea, el libro ‘Comer sin ansiedad’ nos recuerda que es importante identificar qué tipo de comida consumimos en nuestros momentos de ansiedad, para reprogramar nuestro apetito y dieta en función de nuestras necesidades.

Asimismo, no solo la ansiedad influye en nuestra alimentación, también lo hace, por ejemplo, nuestros hábitos de sueño, y es que según  el nutricionista Robb Wolf, autor de este libro, la privación de sueño es una forma de estrés, y cuando el estrés se convierte en crónico, uno de los primeros mecanismos de adaptación de nuestro cuerpo para enfrentarse a él es buscar alimentos, en concreto alimentos altamente procesados.

Como curiosidad, otro aspecto que puede influir en nuestra alimentación es nuestra sexualidad, y es que hay nutricionistas que afirman que en épocas de insatisfacción sexual, la única fuente de placer que nos queda es la comida, y por ello nos dejamos llevar por alimentos más sabrosos o ricos en azúcares, lo que demostraría que algo de cierto tiene la idea popular de que el chocolate puede ser un sustituto del sexo.

De esta forma, queda claro que no existen dietas milagros, y que la mejor alimentación pasa por conocerse a uno mismo, para llevar una vida y una dieta equilibrada, que sea mantenida en el tiempo.



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